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Reír es sinónimo de ser feliz

FileAccessHandler.ashx 29 junio, 2015 - 7:17 am

En el día a día de cualquier persona, la risa ayuda –y mucho– a vivir mejor y superar obstáculos. No dejes de hacerlo y leé la nota.

Sabías que en el cuerpo humano se encuentran los mecanismos más asombrosos capaces de hacer verdaderamente felices a las personas? Probablemente muchos, en muchísimas oportunidades, han logrado darse cuenta de qué forma una buena carcajada hace pasar a un segundo plano los inconvenientes, las preocupaciones y, de paso, da una mano para recuperar la alegría de vivir. Y si esa risa ha sido “bien reída”, además habrá ayudado a encarar situaciones adversas con mejor perspectiva, más optimismo, creatividad, eficacia y valentía.

Según informes de la estudiosa española Pilar Lorenzo Represas, que volcó sus estudios en el sitio Saber Alternativo, lo que sucede es que cuando una persona ríe plenamente, un gran número de sustancias cerebrales se ponen en acción haciendo que el cuerpo y la mente entren en un estado armonioso de relajación, felicidad y plenitud.

El bienestar y la felicidad que tanto se busca, están ya dentro del ser, y se encuentran en el cuerpo humano a nivel bioquímico. Es imprescindible comprender que el cuerpo sí sabe cómo hacer feliz a un ser. Lo hace al enviar a la mente un mensaje de placer y alegría, y el hilo conductor es el mecanismo de la risa.

Qué es lo que se mueve.

Endorfinas, dopamina, noradrenalina y serotonina son algunas de las muchas sustancias responsables de llenar al ser de creatividad, alegría, felicidad, imaginación, tranquilidad, entusiasmo, ganas de vivir… También la disminución del dolor y un sistema inmunológico robustecido, entre otros, son algunos de los regalos que generan unas buenas carcajadas de risa franca.

Para ello hay que aplicar ciertos tips que a continuación detallamos:

Quererse a sí mismo. Es una condición fundamental para alimentar una risa plena, saludable, franca. Hay que saber valorarse y tratar de mantener una buena relación consigo mismo, sin que eso sea una forma de egoísmo y sí un estado auténtico del ser que se da a sí mismo lo mejor haciéndolo extensivo a los demás. Buscá estar de buen humor. Hay que ser responsable de alcanzar la propia felicidad. Nadie puede ser feliz por vos, nadie puede reír por vos. Si decidís sentirte triste, nadie puede detenerte; si decidís reír, nadie podrá pararte. Vos decidís a cada instante cómo actuar en base a tus principios.

A cuidar la “carrocería”. Hay que empezar cada mañana con una simple gimnasia natural que estimule tu cuerpo. Estirate y desperezate conscientemente. Es una alegría bostezar ampliamente y estirar los músculos. Podés acompañarte con música y hacer movimientos suaves de apertura. Al terminar inspirá profundamente y exhalá suavemente. Ah, y agradecé cada uno de estos movimientos.

A vivir el día a día. Es clave que te puedas reír aquí y ahora. El ayer y el mañana son mecanismos que te identifican con la mente, pero la vida está en tiempo presente. Reír es vibrar con el instante presente y sentir plenamente la vida.

Disfrutar tus sentidos. Todos, en diferentes circunstancias y a cada momento de la vida, aparecen para generar placer, aunque a algunos, por pereza o por falta de acostumbramiento, no los utilizamos plenamente. ¿Y si un día nos faltara alguno de ellos? Entonces la misma condución humana y la naturaleza brindarán los elementos para hacernos felices.

Agradecer y bendecir. Son dos actos que están ligados a la risa, porque ambos generan felicidad. Hablar bien de las cosas lindas y simples, de las personas que realizan buenas acciones, genera el reír bien que tanto se necesita. Y el agradecimiento tiene mucho más valor con una sonrisa, que genera afecto y buenos sentimientos. Ser auténtico, espontáneo, libre, divertirse y dar rienda suelta a la imaginación, nos retrotrae a la infancia, ese tiempo en el que un chico ríe sin esfuerzo. Además, dar de sí lo mejor genera esa satisfacción inconmensurable que solo se paga con risas.

A ensayar la risa. “Ríe y el mundo reirá contigo, ronca y dormirás solo”. La frase de Anthony Burguess es clarificante. Para reír no necesitamos considerar la risa espontánea como la única posible. Depender de un estímulo exterior como un chiste o algo gracioso, reduce nuestras posibilidades de disfrute y goce. La risa es la gracia, y ya está en el ser.

Cómo potenciar y ensayar la risa.

​Los siguientes ejercicios son una muestra de un amplísimo abanico de posibilidades. Tener en cuenta que son ejercicios genéricos. Si se percibe dificultad (a pesar de un ensayo continuado en el tiempo) habrá que consultar cada caso, en lo posible con un terapeuta.

Además, se deben realizar apenas dos ejercicios con tranquilidad y sin exigencias. Una mente exigente tensa el cuerpo y no permite que se exprese la risa franca.

Paso 1

Se comienza con respiraciones profundas diafragmáticas. Luego se pronuncian sonidos onomatopéyicos. Poné especial atención al pronunciar consonantes, tratá de que el sonido salga de la barriga. Respirá rítmica y profundamente observando cómo tu ombligo se mueve al compás. Mové los brazos hacia arriba y reí durante un rato, con fuerza y con total abandono. Repetí este ejercicio durante dos o tres minutos. Reí hasta conectar con tu risa más profunda, la que acalla y calma tu mente. Ensayá diariamente un mínimo de dos a tres veces al día, practicalo hasta que lo logres.

Paso 2

Si sentís que tu risa está bloqueada y no podés disfrutar de sus beneficios, el siguiente ejercicio que he desarrollado te ayudará a “soltarla” de un modo eficaz. Sentate sobre un suelo acondicionado (alfombra, manta, almohadón), juntá piernas y brazos reduciendo y cerrando el cuerpo en el gesto corporal más pequeño posible. Inspirá por la nariz y llenate plenamente de aire (implica toda la barriga, especialmente la parte baja del ombligo), retené la posición unos segundos y centrá tu atención en la sensación del aire en la panza. Luego dejate caer hacia atrás al tiempo que soltás la presión abdominal al tiempo que explotás en una gran carcajada. Descansá y repetí la prueba, en la búsqueda de que cada vez sea más larga la carcajada. Ensayá un mínimo de dos a tres veces al día, practicalo hasta que lo logres.

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