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En primera persona | Cómo es tener dengue en la Ciudad

dengue-fumigan-plazas-parques_IECIMA20160304_0002_7 17 marzo, 2016 - 7:20 pm

El jueves pasado, el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodriguez Larreta anunció en un acto en la sede del club Ferro que se registran 680 casos de dengue en la ciudad de Buenos Aires y afirmó que  la gran mayoría de pacientes que viajaron a regiones donde estas enfermedades son endémicas.

Sebastián Hernaiz es profesor de Literatura, tiene 34 años y vive en el barrio porteño de Caballito. Hace una semana se enteró que es uno de los casi setecientos casos que mencionó el jefe de gobierno porteño.

Acá podés leer su historia en primera persona

“El martes fui a jugar el futbol mixto como hago todas las semanas, después fui a comer una pizza con cerveza y cuando al día siguiente me quise despertar no me podía mover. Con coraje junté fuerzas y me dije ‘Seba, debés dejar el alcohol, no podés tener semejante resaca’ y me fui a la facultad a tomar finales. A las seis de la tarde tenía muchos chuchos de frío y me volví. Pensé que era resaca, pero no: tenía 39.5 de fiebre.

Desde aquel día, el síntoma mayor fue un dolor muy grande en el cuerpo. No podía estar en ninguna posición sin dolor. Como si todo el cuerpo estuviera entumecido y contracturado. Aparte de eso, tenía nauseas y dolor de cabeza intermitentes y un malestar general bastante poco feliz.

Me atendí en el Sanatorio Güemes, que tengo por la obra social docente. ¿Nadie de los que organiza la tasa de ganancia de ese lugar tiene en cuenta que cuando tenés 39 de fiebre y un virus llamado “el rompehuesos” puede resultarte tedioso estar cinco horas esperando para que te atiendan en la guardia? Bueno, deberían, porque cada vez que fui tardaron eso en atenderme: Cinco horas. Yo con fiebre, otra gente cada cual con sus problemas.

Seguí en la espera de la guardia y cuando me atendieron trataron mi caso con dignidad. Igual, si lo pienso bien, cuando estoy tirado en la cama me como publicidades sobre el cuidado con el dengue cada diez minutos y escucho a autoridades nacionales y locales hablando de los esfuerzos que se están haciendo contra una epidemia que es muy difícil de controlar, pero en el hospital parecía importar muy poco que hubiera epidemia de dengue en curso: si yo no me pongo repelente, con los mosquitos que daban vuelta en la guardia mientras esperaba, hubiera sido un foco de contagio tan tonto que daría vergüenza denunciarlo.

Yo pensaba que si me diagnostican dengue iba a salir envuelto en una especie de preservativo de tul gigante para evitar ser un distribuidor del virus. Pero no, me recomendaron que me compre un repelente y me lo ponga un par de veces al día. Además, me insistieron en que sólo podía tomar paracetamol. Fui cuan bueno pude y aunque lo odio, estoy rodeado de repelente desde hace una semana. Pero que la recomendación estatal y la publicidad de Johnson & Johnson sean iguales me resulta un preocupante signo de los tiempos.

Con mi novia seguimos durmiendo juntos, porque no recibí ninguna indicación médica que dijera lo contrario. Pero me compré todos los repelentes que pude, espirales, pastillas y unos líquidos espanta-bichos. Ahora siempre salgo con mi repelente a la calle.

Cuando pienso dónde pude haberme contagiado, sólo se me ocurren dos hipótesis: mi casa, que tiene un jardín, pero no conozco ningún caso entre los vecinos o bien en Plaza Las Heras, donde juego al fútbol. El parque nuclea mucha gente (quizás alguien que estuvo por ahí, podría haber tenido dengue) y hay mosquitos a rolete.

Aún estoy a la espera del resultado de los análisis que me hicieron a comienzos de mes en el hospital.”

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