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Radio Rivadavia, al borde del cierre

rivvv 15 mayo, 2016 - 12:59 am

Los Cetrá no aparecen. El jueves último, 12 de mayo, 145 empleados de esa emisora enviaron cartas documentos para consolidar oficialmente la deuda que cada uno de ellos tiene de parte de sus empleadores por sueldos impagos durante 4 o 5 meses. Increíble.

La familia Cetrá (Luis, Eugenia, Santiago, Nicanor) y el director Agustín Delger mantienen un alejamiento activo del lugar, pagan con cheques que son devueltos sin fondos en una cantidad fácilmente verificable, deben salarios y aguinaldos al personal y proclaman una cesación de pagos.

Agustín Delger, un hombre que no conoce el medio, es el encargado de poner la cara. Pide a los periodistas “el loteo de los espacios” para poder recaudar algo. Días pasados prohibió la entrada a su trabajo a Mauro Viale (al que le pide 150 mil pesos mensuales por el espacio), cambiando las reglas del juego de la relación de dependencia.

Fue tan burda la maniobra, que una escribana certificó el despido, convertido en un reclamo judicial de millones de pesos y/o en un pedido de quiebra por cheques sin fondo. Insólito.

Rivadavia y su FM (103.1) están al borde de salir totalmente del aire si no pagan a los operadores técnicos.

Los empleados están divididos entre los que desean formar una cooperativa y los que esperan un milagro que no llega.

Da pena ver que en la puerta de Arenales 2467 un cartel pide ayuda de comida para la gente: unas galletitas o algún sandwich es rápidamente devorado. Penoso.

No se sabe qué ocurre con los pagos que realizan los compradores de espacios (Mancini, Costa Febre, Del Duca, Marconi, Campeones, Guazzardi, etc.) Todos pagan para trabajar.

El clima es deprimente: los reconocidos boletines del Rotativo del Aire salen al aire esporádicamente, los locutores comerciales han desaparecido, la tristeza inunda cada rincón.

Figuras como Pepe Miranda Lugano se toman vacaciones largas o piden la jubilación. Los movileros históricos no salen a la calle.

Ni el sindicato ni el Ministerio de Trabajo sabe qué hacer para la idea final de cobrar algo de los salarios. El final está cerca: El gordo Muñóz, Carrizo, se morirían de vergüenza si revivieran.

No hay compradores. Cuando llegan a la sede y piden el pasivo, salen corriendo y no vuelven.

Nadie parece que quiera ayudar a Rivadavia y eso que la información es bien conocida en el gobierno a través de la AFI, en donde trabaja alguien muy vinculado a la familia Cetrá.

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