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Denuncian que el gobierno de Cristina borró los datos de las cuentas de Báez en EE.UU.

maximo-lazaro-cristina-fernandez-kirchner_claima20150728_0321_28.jpg_1156003776 26 junio, 2016 - 9:13 am

El estudio que defendía a la Argentina en el juicio de los fondos buitres informó a la Procuración del Tesoro sobre las cuentas del empresario K en Nevada. Antes de dejar el Gobierno, borraron los discos rígidos.

Los intentos de Cristina Kirchner por esquivar “La Ruta del dinero K” se toparon con un nuevo límite. Durante más de dos años, su gobierno ocultó y luego borró información clave sobre cuentas bancarias en Estados Unidos y transacciones millonarias vinculadas al empresario Lázaro Báez. Los datos comenzaron a llegar en octubre de 2013, a raíz del proceso de discovery (una acción judicial para producir información) que inició el fondo NML, de Paul Singer, para rastrear los fondos del empresario patagónico y del Estado argentino. Fueron decenas de mails y documentos enviados por el estudio de abogados contratado por el gobierno argentino en Nueva York. Según pudo saber Clarín de fuentes oficiales y judiciales, la información fue borrada de las computadoras de la Procuración del Tesoro. Incluso desaparecieron discos rígidos. La principal responsable es la ex procuradora Angelina Abbona, del riñón del ex secretario Legal y Técnico Carlos Zannini. El escándalo fue tan grande, que la ex funcionaria tuvo que devolver el disco rígido de su computadora. Argumentó que se lo había llevado a su casa para hacerle un back up (copia de los archivos).

El gobierno de Mauricio Macri logró recuperar parcialmente esos mails. Toda la documentación, a la que tuvo acceso este diario, ya está en manos de la Justicia.

La historia comenzó a escribirse a fines de 2013. El 9 de octubre de ese año, un abogado del estudio Cleary Gottlieb Steen & Hamilton LLP, le informaba a Abbona y al subprocurador del Tesoro, Horacio Diez, detalles del discovery que había presentado NML contra MF Corporate Services, es decir contra el estudio panameño Mossack Fonseca, para conocer detalles de 123 sociedades creadas en el estado de Nevada, supuestamente vinculadas a Báez. “NML y MF están en discusiones respecto al alcance de la producción de información. Ello significa que existe la posibilidad que en el futuro próximo MF le haga llegar a NML la información requerida”, detallaba el mail.

El 7 de abril de 2014 vuelven a tomar contacto. Desde el estudio de abogados, que renovó su contrato con la actual gestión, otra vez informan a Abbona y a Diez sobre el trámite judicial iniciado por NML. “Han estado discutiendo el asunto y MF habría producido algo de información”, detalle el mail. Y agrega un detalle colorido: el pedido de discovery ya se había filtrado en el Wall Street Journal.

Los mails recuperados provienen desde Nueva York. Las respuestas de los funcionarios de la Procuración del Tesoro, si las hubo, hasta ahora no aparecieron. Ese organismo fue colonizado por el kirchnerismo desde la asunción de Abbona. En la actualidad, todavía hay decenas de familiares y allegados de Zannini y su segundo, Carlos Liuzzi.

Por el escándalo, ya tomaron intervención varios organismos oficiales como la Unidad de Información Financiera (UIF) y el Ministerio de Hacienda.

Además de los mails, desaparecieron archivos que se produjeron a lo largo del discovery. Esos documentos, protegidos por una protective order (orden de protección), contienen información sobre cuentas y transacciones de Baez y otros personajes influyentes como Ernesto Clarens, el primer financista de Lázaro y de Néstor Kirchner.

“De la documentación recibida se desprende que existe información encriptada a la cual no se ha podido tener acceso”, dice una nota enviada por la UIF el 10 de junio pasado a la Procuración. Ocurre que hacia fines de 2014, los mails comenzaron a llegar con archivos adjuntos. La información era tan voluminosa que fue necesario comprimirla para bajarle el peso.

El 29 de octubre de ese año, ingresó la Procuración del Tesoro un mail clave con información producida por el Standard Charter de Nueva York y el Ocean Bank. La primera entidad aportó un cd con 66 carpetas sobre transferencias de Báez, Clarens y Fabián Virgilio Rossi, el ex empleado de “La Rosadita”. También había datos de las sociedades ADG Group Holdings LLC, Alhambra LLC, Angrain LLC, Balmar Development LLC, entre otras. Esos documentos reflejaban, siempre según el mail que recibieron en sus casillas Abbona y Diez, un total de 1336 transacciones, realizadas entre 2006 y 2014, por un monto aproximado de 408 millones de dólares. En tanto, el Ocean Bank aportó un CD con transacciones de Federico Elaskar y documentos presentados para abrir una cuenta en esa entidad.

Hacia fines de 2014, la presión del discovery, una herramienta legal para obtener información, en este caso de las 123 empresas de Nevada, dio sus frutos. En septiembre, el juez Cam Ferembach le tomó declaración a Patricia Amunategui, del estudio Mossak Fonseca, y luego permitió la participación del periodista Jorge Lanata. La declaración de la abogada llegó a los funcionarios argentinos. El 17 de marzo de 2015, el abogado que trabaja en Nueva York informó: “No incluimos el anexo C, que el transcript del deposition de Patricia Amunategui ya que es muy pesado y ya se los hicimos legar oportunamente”.

Apenas recibió los mails, el actual titular de la Procuración del Tesoro, Carlos Balbín, cercano a la diputada Elisa Carrió, se los giró al juez federal Sebastián Casanello. Esos documentos prueban que el kirchnerismo ocultó información sobre las cuentas de Báez en Estados Unidos. Los intercambios llegan hasta junio del año pasado.

El último mensaje recuperado ingresó el 18 de ese mes a las casillas oficiales de Abbona y se segundo. El mensaje, acompañado de un zip (archivo comprimido), contenía documentos entregados por Pershing LLC, una subsidiaria de Bank of New York Mellon. Esa entidad, mencionada por el arrepentido Leonardo Fariña en su declaracion, entregó 82 documentos en formato pdf sobre Clarens, sus familiares y el enigmático Néstor Marcelo Ramos, la cabeza visible de SGI.

Fuente: Clarín

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