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Tortura policial en la villa 21: tienen 15 y 18 años y los obligaron a hacer flexiones y a rezar el Padre Nuestro

garntapoderosa 29 septiembre, 2016 - 6:04 pm

Ezequiel e Iván tienen 15 y 18 años, viven en la Villa 20 y el sábado 24 de septiembre fueron increpados y torturados: primero por la Policía Federal y luego la Prefectura.

Recién el martes, 3 días después, se animaron a salir de sus casas: tenían miedo. Pero cuando fueron a hacer la denuncia a la comisaría de Pompeya, se encontraron con otro temerario: ahí reconocieron al prefecto Leandro Adolfo Atúnez, uno de los oficiales que los habían interceptado.

El colectivo que edita la revista La Garganta Poderosa relató a Alerta Online los hechos: “La garita donde fueron torturados por la prefectura está cerquita de la casa de Kevin, donde durante su asesinato excusaron no haber oído ninguno de los múltiples disparos que terminaron con la vida de nuestro enano”.

Según La Poderosa, Ezequiel Villanueva Moya, de 15 años, salió esa noche para visitar a su abuela Beti, que también vive en la Villa 21. De camino hacia el lugar se cruzó con su amigo Iván Navarro, y ambos fueron parados para una requisa por miembros de la Policía Federal. “Yo me acerqué para darle un abrazo a Eze y un oficial, así, de la nada, directamente vino y me pegó una trompada”, contó Iván.

Los federales les preguntaron por el origen de sus ropas y los dejaron ir, pero apenas habían caminado una cuadra cuando tres móviles de Prefectura los interceptaron. En total fueron doce miembros de la fuerza, cuatro en cada vehículo. “Nos tiraron adentro de un coche y nos llevaron hasta la garita de Osvaldo Cruz e Iguazú, para cagarnos a palos”, explicó Iván, en el comunicado difundido por La Garganta Poderosa.

“Los llevaron al camino del riachuelo, ahí los torturaron, les pegaron, les saltaron encima, los obligaron a hacer flexiones, los ataron a un palo y los obligaron a rezar un Padre nuestro”, contó La Poderosa a AO. Además, cuando los liberaron, tiraron un tiro al suelo, al lado de ellos, y les dijeron que los iban a matar y que “nadie los iba a ir a buscar porque no le importaban a nadie”.

“Esto en los barrios es moneda corriente”, concluyó La Poderosa, al tiempo que contó que hace un tiempo, desde el asesinato de Kevin por un enfrentamiento entre narcos en una zona liberada por la policía, funciona en el barrio un Control Popular sobre las fuerzas de seguridad, recientemente reconocido por la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN). “En el primer año de funcionamiento de nuestro organismo tuvimos más de 200 denuncias por violencia institucional. Los compañeros juntan denuncias que van a la Fiscalía, a la Procuvin y al Cels”.

En el comunicado continúa el raconto: “Nos subieron a otro auto, pero primero nos taparon la cabeza y nos obligaron a sentarnos uno encima del otro”. Llegaron a un descampado junto al Riachuelo, en el Camino de Sirga, detrás de una fábrica. “Cuando ya había unos 10 prefectos, uno dijo que nos iban a matar, porque total nadie nos iba a reclamar”.

Allí empezaron los golpes en la cara y los palazos en las piernas. “Nos obligaron a tirarnos al piso y hacer flexiones de brazos, hasta que uno le saltó sobre la espalda a Ezequiel y otro me preguntó a mí dónde quería el tiro. Alterados, como sacados, nos esposaron a un caño y dispararon varios tiros al aire, mientras nos quitaban las camperas que supuestamente habíamos robado”.

Los prefectos les sacaron a los chicos las camperas, las zapatillas y las cadenitas. En ese momento, uno uniformado apoyó su arma en la nuca de Iván y los obligó a rezar. Luego los soltaron, los encañonaron con una escopeta por la espalda y los obligaron a correr al grito de “Corran bien rápido, o van a ser boleta”.

Los dos jóvenes llegaron a sus hogares y avisaron a la revista. De allí salieron a la Procuraduría contra la Violencia Institucional a hacer la denuncia, que ratificaron en la fiscalía de Pompeya, donde se les tomó declaración. Allí se encontraron con uno de los prefectos, Leandro Adolfo Antúnez, a quien denunciaron en el momento. El fiscal Marcelo Munilla Lacasa ordenó la detención de los agentes que actuaron esa noche en la villa.

La Garganta Poderosa afirma que “nuestros compañeros tienen miedo. Sus familias tienen miedo. Nosotros tenemos miedo. ¡Basta de silencio y basta de impunidad!¡Control Popular a las Fuerzas de Seguridad!”.

 

Carolina Rosales Zeiger, Alerta Online

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