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Suicidio infantil: ¿Cómo y qué hay que entender?

De Rosa Alabaster 21 enero, 2016 - 6:42 pm

 

Suicidio infantil: ¿Cómo y qué hay que entender?

 

La noticia es la siguiente.

Un niño en Madrid, España, Diego -de 11 años-, se despedía mediante una carta de sus padres diciendo: “Nunca os olvidaré”.

La misma la dejó escrita antes tirarse por la ventana del quinto piso de su vivienda el pasado 14 de Octubre.

La noticia vuelve en esta era de inmediatez y de lo efímero, ya que el juzgado de Instrucción 1 de Leganés (Madrid) archivó la causa en Diciembre “al no poder determinarse que hubiera habido intermediación de terceros en la muerte del pequeño”, pero los padres presentaron un recurso para reabrir el caso, y el mismo está en curso. El pedido vuelve sobre las posibles causales entre ellas y primordialmente el acoso escolar, popularizado bajo el nombre de bullying (patoteo sería una traducción libre).

Estamos en una era casi babilónica de la información en la que el acceso a las noticias es de tal facilidad que en su magnitud no deja de generar el fenómeno conocido como overload data o simplemente sobrecarga de datos. Esa sobrecarga va asociada en la necesidad de generar contenidos que en la mayoría de los casos los vuelven efímeros y necesitan de otros de mayor impacto o al menos diferente o nuevo para atrapar al receptor de esa información, la cual olvidará inmediatamente. En este contexto muchas veces no tiene demasiada importancia ni la calidad de la misma o la de los referentes convocados a tal fin. En ese bombardeo por cantidad no por objetivos, se genera una enorme confusión y en algunos casos una tabla rasa en cuanto a la entidad del tema tratado.

¿Es lo mismo una modelo que es engañada o engaña a su pareja, o un personaje mediático que aprovecha una noticia sobre acoso o abuso, para declarar varios años después que el mismo ha sido víctima de esto? ¿Son igual a las reales víctimas actuales o a una persona que se quita la vida? Lo cierto es que genera un modelo de trato de la realidad o de la información o percepción de la realidad en la cual inevitablemente se nivela la profundidad del análisis.

Esto es lo central en el tema suicidio ya que las consignas que hemos repetido en varias oportunidades y medios, que la OMS y que el Ministerio de Salud explicitan son claras. Entre ellas el peligro de que la mala información genere fenómenos imitativos, que se transforme en heroico el suicidio en si o se lo embellezca. Todas reacciones entendibles en algo que aterra que es el planteo de la muerte, en realidad de la propia muerte y la fragilidad de la vida. Es preferible que sea una noticia ajena que algo que nos toque.

¿Ahora qué ocurre cuando esa persona es un niño?

Ese fenómeno se incremente en proporciones inimaginables, ya que va contra una regla natural: mueren los adultos, los viejos, el suicidio aparece como algo justificado casi, en ese fenómeno de difusión errónea del tema.

¿Cometen suicidio los niños? Sí, definitivamente.

¿Son población en riesgo? Son frágiles, pueden padecer enfermedades mentales como la depresión? La respuesta es aún más vehementemente afirmativa.

¿Hay que buscar las causas que lo “justifiquen”? No.

Hay que tratar de concientizar el fenómeno que los niños son, aunque suene absurdo tener que recordarlo, seres humanos en formación, frágiles en muchos casos, que no pueden abordar problemáticas que en algunos casos a los adultos nos parecen incomprensibles y absurdas. Que no son un adulto en chico.

Que sufren, que necesitan ayuda, que se debe contar con el conocimiento adecuado, no viejos clichés respecto a  la salud mental, o nuevos creyendo que son inmunes a un sociedad que nos es difícil de abordar o entender a quienes podemos ser padres o abuelos de ellos, cuanto más para ellos.

Como en todo necesitamos replantear nuestros paradigmas, salir de senderos en que la huella ya ha dejado un trazo demasiado claro que no hacemos más que repetir, necesitamos desconfiar de los expertos que parecen tener respuestas en un terreno donde hay más preguntas.

La mejor actitud a esas incertidumbres es callar y escuchar, escuchar, entenderlos, olvidar todo y permitir que nos digan qué pasa, qué les pasa. Y luego aplicaremos nuestros conocimientos, que seguramente habrá que replantear.

Así quizás entenderemos como un niño de 11 años se despide de sus padres aparentemente porque no puede abordar su vida, sino la nota será siempre sobre depresión, bullying, y estadísticas de suicidio, esperando la siguiente.

 

 

Dr. Enrique De Rosa Alabaster MN 63406

Psiquiatra Psicoterapeuta.

Psiquiatra Forense. Médico Legista.

Especialista en Trauma y Victimologia.

Asociación de Victimologia-sos@victima.org

 

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