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La fascinación de ser gobernado por un rico de verdad

Mauro Viale 13 abril, 2016 - 9:31 am

Por: Mauro Viale
La reciente conclusión de un escritor – psiconalista – acerca de “Macri no roba porque es rico, vive como un príncipe, y nació en una cuna de oro”, es, al menos, una parrafada zonza.

Seguramente Macri no roba, “ni le hace falta”, ni llegó al poder por la plata. Lo sabe hasta una criatura.Pero se puede enganchar los conceptos con alguna lectura mas clara que la de este ensayista poco felíz. Por ejemplo con Jose Ingenieros, para saber que el orígen de las grandes fortunas suele relacionarse con actitudes audaces, por lo menos.

Es probable que a las masas, gobernadas por políticos autoritarios que les crean la cultura pormenorizada de la vida, los harten en un momento, a tal punto que esperen el instante de la cenicienta para tomar revancha: la llegada del hombre rico, sano, elegante, formidable e impoluto. Siempre las formas y la fantasía.

La premisa falsa e infantil del psicoanalista aquél: “los ricos no roban”, es una leyenda que el hombre vulgar cree como un mito religioso. Es además, apoya esa frivolidad desde su enojo más fuerte, que le abre una esperanza fascinante: El caballero y su gente linda le creará un camino fácil hacia el éxito y la ocasión de tener cerca suyo ese valor. Pura fantasía.

Al rato, el príncipe se mira en el espejo, nota que su naríz ha crecido, se ve envejecido, la preocupación no tarda en llegar. No roba, pero ha perdido el camino. Ya no es un caballero.

¿Qué pasará con la fascinación que generó en esas masas? ¿qué harán y que querrán hacer con él?

Los ricos no son, necesariamente caballeros, ni eficientes, ni siquiera mejores. El espejo, que nunca ha mentido, borra enseguida toda fascinación.

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